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VIDA RESTAURADA

_La ley de Dios es perfecta, que convierte el alma; el testimonio de Dios es fiel, que hace sabio al sencillo. Salmos 19:7_

Conocí a Jean en el peor momento de su vida. Fue una noche en que se desmayó mientras yo presentaba la Palabra de Dios. Al final de la reunión lo llevaron a mi camarín. Estaba con la vida completamente destruida. Desempleado, con el hogar deshecho, y esclavo del alcoholismo. Creía que no valía la pena continuar viviendo. Aquella noche había ido al gimnasio deportivo porque un amigo a quien le debía favores, insistió mucho. El mensaje impactó su corazón al punto de perder el conocimiento.

Tres años después volví a verlo en circunstancias completamente diferentes. Era gerente de una empresa de porte medio, su hogar estaba reconstruido, había vencido el alcoholismo y reflejaba felicidad en su mirada.

Eso es lo que el salmo de hoy enseña: “La ley de Dios es perfecta, que convierte el alma”, es decir, restaura. Restaurar significa hacer de nuevo, reconstruir, recrear. Por eso, la versión castellana de la Biblia usa el verbo “convertir”.

En el original hebreo la palabra ley es Torah, que incluye no solo el decálogo, sino todas las enseñanzas bíblicas. Literalmente Torah quiere decir instrucción, dirección, enseñanza.

Necesitamos ser enseñados, instruidos y dirigidos por la Palabra de Dios para no vivir destruyéndonos, procurando la felicidad; y si alguien ya está destruido, precisa urgentemente buscar las enseñanzas y el poder restaurador de la Palabra de Dios.

Un día Jesús se encontró con un paralítico. Aquel hombre vivía arrastrando su humanidad por los caminos de la vida. No tenía sueños, ni proyectos, ni expectativas futuras. Solo aquel presente doloroso, oscuro y sin esperanza. Pero Jesús apareció y le dijo: “toma tu lecho y anda”. Ahí estaba la Palabra de Dios. La orden era “levántate”. El paralítico solo tenía dos opciones, creer o rechazar. Él creyó, se levantó y anduvo.

Este es el poder restaurador de la Palabra divina. Restaura el alma. Cura por dentro, devuelve la esperanza y la voluntad, y da sabiduría para evitar los errores del pasado.

Por eso, hoy, antes de enfrentar los peligros que se esconden en el camino, recuerda: “La ley de Dios es perfecta, que convierte el alma; el testimonio de Dios es fiel, que hace sabio al sencillo”.

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