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TODO TIENE UN PRECIO

_El perezoso mete su mano en el plato, y ni aun a su boca la llevará. Proverbios 19:24_

Pedro Lima, amigo de viejos tiempos, me contó que una vez encontró a ‘ un campesino, dueño de un buen pedazo de tierra, sentado, fumando un cigarro de hojas, quejándose de su terrible situación financiera.

— ¿Aquí da bien el maíz? -preguntó Pedro.

— No da, señor -respondió el campesino, con una tonada típica del interior.

— ¿Da mandioca?

— No da, señor.

— ¿Da soya, frijoles, alguna otra cosa?

— No da, señor.

— ¿Pero usted ya plantó algo?

— No planté, señor.

¿Se puede esperar cosechar algo que nunca fue plantado? ¿Es posible pasarse la vida lamentando la triste “suerte”, esperando con los brazos cruzados que el “destino” sea misericordioso con uno? “El perezoso mete su mano en el plato”, afirma Salomón. El perezoso desea, anhela, quiere, sueña y espera, como todo ser humano. Ve el plato de las oportunidades a su alcance. Contempla como los otros se hartan con los manjares deliciosos de la prosperidad, la felicidad y el éxito. Y él, puede ser que coloque la mano en el plato, pero no se da el trabajo de llevar la comida a la boca. Quiere que todo acontezca por casualidad.

La sabiduría lleva a la persona a entender que todo sueño tiene un precio, y que el precio del sueño es el trabajo. Construir un hogar feliz, por ejemplo, requiere esfuerzo. El camino más fácil es el divorcio. Ser aprobado en un examen, requiere horas de estudio, la disculpa más sencilla es decir que la prueba era muy difícil. Educar hijos moral y emocionalmente sanos, exige horas de paciencia y dedicación, pero la salida más atractiva es creer que supliendo sus necesidades materiales, la paternidad ya fue cumplida. Hacer dinero es fruto del trabajo y del dominio propio, aunque la solución más cómoda es jugar a la lotería.

La figura que Salomón usa para describir al perezoso es risueña; pero, usando la ironía, muestra la realidad de mucha gente que no está dispuesta a pagar el precio de los sueños. Antes de iniciar tus actividades hoy, piensa:

¿Qué podría hacer para mejorar por lo menos en tres aspectos de mi vida?

Piensa en la vida espiritual, familiar y profesional. ¿Estás dispuesto a pedirle a Dios sabiduría para dar prioridad a las cosas que son realmente prioritarias? ¿Da trabajo? ¡Sin duda! ¿Es difícil? ¡Ciertamente! Pero recuerda el proverbio: “El perezoso mete su mano en el plato, y ni aun a su boca la llevará”.

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