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SOCORRE AL DÉBIL

_Librad al afligido y al necesitado; libradlo de la mano de los impíos. Sal 82:4_

Aquella madrugada helada de enero, terminaría siendo inolvidable en mi vida. Era uno de los inviernos más fríos en los Estados Unidos. Nevaba en Dallas, lo que es muy raro. La temperatura estaba bajo cero. Yo, casi congelado, esperaba que Dios enviase a alguien para socorrerme. A lo lejos, vi la luz de un vehículo que se acercaba. Era un camión. El conductor fue amable y me remolcó hasta una estación de gasolina. Al despedirme, le agradecí:

“Muchas gracias, usted literalmente salvó mi vida. No imagina el bien que me hizo”.

—Yo a usted? —respondió él—. Usted no se imagina el bien que me hizo a mí mismo.

Nunca olvidé aquellas palabras, y hoy, al comentar este proverbio, lo primero que me vino a la mente fue el recuerdo de aquel desconocido y su extraña manera de ver la vida.

Cada vez que tú ayudas a alguien, la primera persona beneficiada eres tu mismo. Cualquier tiempo, aparentemente perdido haciendo el bien, es tiempo ganado.

Cuando Dios dice: “Librad al afligido y al necesitado”, no está colocando delante de nosotros una norma de buen comportamiento. Nos está mostrando una manera de ser felices. Hacer el bien trae paz al corazón. Muchos psicoanalistas inducen a las personas a pensar menos en sí mismas y más en ayudar al prójimo, como un medio de calmar la ansiedad.

Los actos de crueldad solo traen tormenta al corazón. Angustia, desesperación, vacío y soledad son los síntomas que indican que algo anda mal en el interior del ser humano.

Jesús desea calmar la ansiedad. Uno de los instrumentos que tiene para eso es el propio acto de bondad de sus hijos. Ese es el camino para conducirlos a dimensiones de la vida que no conocerían de otro modo.

Abre hoy el corazón a Jesús. Permítele que habite en ti. Sal para cumplir tus compromisos. Ten la seguridad de que Jesús está en el control de tus sentimientos, pensamientos y actos. Camina con los ojos dispuestos a ver la necesidad ajena. Eso disminuirá tu tristeza y tu ansiedad. Recuerda a lo largo del día la advertencia divina: “Librad al afligido y al necesitado; libradlo de la mano de los impíos”.

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