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SERVIR CON ALEGRÍA

_Servid a Dios con alegría; venid ante su presencia con regocijo. Salmos 100:2_

Deseas tener una vida victoriosa y próspera? ¿Quieres que las personas reconozcan tu trabajo? Entonces, recuerda que una vida de servicio es una vida de satisfacciones. Cuando el corazón está satisfecho, la persona es feliz. ¿Quién no quiere ser feliz?

Un día le pregunté a un grupo de empleados de cierta empresa que estaba visitando: “A quién le gustaría ser el próximo presidente de esta compañía?” Nadie levantó la mano, tal vez porque el presidente estaba presente. Tal vez porque no era políticamente correcto, o tal vez porque creían que no tenían la preparación para ejercer un cargo tan importante.

Los cristianos se sienten tentados a pensar que nadie debe querer ser el primero. Cuando Jesús estaba en esta tierra, dijo lo contrario: “El que quiera hacerse grande entre vosotros, será vuestro servidor. Jesús no vino a este mundo para quitarle a nadie el deseo de crecer, prosperar y ser “grande”. No hay ningún pecado en aspirar a ser el primero en cualquier área de la vida, pero si alguien quiere ser vencedor, necesita entender el mensaje del Maestro.

Jesús relacionó la “grandeza” con el servicio. Cuanto más sirve una persona, más preparada está para ser el primero. El propósito de la vida de un vencedor, no es ser grande, ni el primero. El vencedor solo vive para servir. Son los otros lo que lo transforman a él en el primero, o el mayor.

En el texto de hoy, el salmista enfatiza el acto de servir. Para servir tú necesitas primero despojarte del egoísmo y reconocerte siervo. Al “servir al Señor con alegría”, prepárate, porque el servicio viene acompañado de una promesa:

“Dios es bueno; para siempre es su misericordia, y su verdad por todas las generaciones” .

La fidelidad del Señor está relacionada con el cumplimiento de sus promesas de victoria y de realización. Esas promesas, según el salmista, son el resultado natural del servicio.

Haz de hoy un día de servicio. Pídele a Dios que te ayude a pensar menos en ti y más en servir. Si así lo haces, a la noche, cuando regreses a casa, sentirás una satisfacción especial que te hará feliz.

Por tanto, “Servid a Dios con alegría; venid ante su presencia con regocijo”.

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