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SE HUMILDE

_Abominación es a Dios todo altivo corazón; ciertamente no quedará impune. Proverbios 16:5_

La expresión que el autor de los Proverbios usa hoy para referirse al arrogante de corazón, es muy dura: “Abominable”. Esta palabra, en hebreo to’ebah, significa “repugnante”, “detestable”, “peligroso”, “siniestro”.

Cuando ves a una persona orgullosa, es todo eso. Además de detestable es peligrosa y siniestra. Piensa en Hitler, por ejemplo. Se sentía Dios, mandó matar a miles de personas en su loco deseo de establecer una raza superior. Piensa en Frederik Nietzsche que desafió al mismo Dios. Los que convivían con él no soportaban su temperamento.

Ya pasaron muchos años desde la muerte de ambos. ¿Cuál fue la historia que escribieron? El primero desapareció misteriosamente. Algunos dicen que murió enloquecido y destruido por la sífilis. El segundo pasó su último día agarrado a la estatua de un caballo, afirmando:”Soy Dios, soy Dios”. “Ciertamente no quedará impune”, dice el proverbio de hoy, hablando del triste fin que espera a todos los de corazón arrogante.

La arrogancia es el camino directo a la desdicha. El arrogante pierde la noción de quién es. En su delirio de parecer grande, no percibe la imagen ridícula y grotesca que proyecta. Olvida que quien quiere ser un hombre grande, tiene que ser pequeño un día, para poder crecer.

En el concepto propio, él nace grande, es grande, es mucho mayor que cualquier otro simple mortal. Pero, irónicamente, la gente no lo ve así, y no lo trata como le gustaría que lo trataran, por más que él exige, reclama y, si tiene poder, hasta obliga.

Esa percepción de “no-aceptación”, mina dolorosamente su mundo interior. En la cámara secreta de su alma vaga de un lado a otro, obcecado por la posición y abrumado por el vacío. El resultado casi siempre es la locura, la prepotencia, el autoritarismo, el radicalismo que él pretende llamar liderazgo.

¿Hay algún remedio para el corazón orgulloso? Sí, hay remedio para todas las enfermedades del alma: Jesús. Un día, el Maestro recibió al orgulloso Pedro, hombre rudo, áspero y lleno de complejos, queriendo siempre llamar la atención. “Todos estos te negarán, pero yo nunca” (Mateo 26:33), dijo con soberbia un día, prometiendo ser fiel a Jesús. Falló. Tú conoces la historia. Fracasó, pero el amor de Jesús lo transformó e hizo de él un hombre humilde, capaz de ofrecer su vida por Maestro.

Busca hoy a Jesús, déjate moldear por él, porque “abominación es a Dios todo altivo de corazón; ciertamente no quedará impune”.

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