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SE ACABÓ

_El Espíritu de Dios se apartó de Saúl, y le atormentaba un espíritu malo de parte de Dios. 1 Samuel 16:14_

Saúl dijo no al Señor. Una y otra vez; varias veces, en repetidas ocasiones. Jugó con la misericordia divina: creyó que el Señor estaría siempre a su lado, que nunca lo dejaría ni lo abandonaría. Saúl, como Sansón o como Judas, pensaba que podía decidir cuándo oír o no oír la voz de Dios. Creía que el amor de Dios siempre estaría a su disposición. Y lo estaba porque, en la Biblia, Dios afirma: “Con amor eterno te he amado”.

Si el amor es eterno, no acaba nunca. Podrán secarse las fuentes de las aguas del mundo, y el amor de Dios continuará siendo el mismo; podrán desaparecer todas las montañas, y el amor de Dios continuará existiendo. Los seres humanos vendrán y se irán, y Dios los continuará amando. El problema no radica en el amor de Dios, ni en su paciencia ni en su misericordia, sino con el corazón humano.

Un día, amaneció como cualquier otro en la vida de Saúl; por lo menos, él pensaba así. Pero, no sabía que su corazón se había endurecido hasta el punto de no escuchar más la voz de Dios. El escritor bíblico, usando una expresión muy propia del ser humano, afirma: “El Espíritu de Dios se apartó de Saúl”. La verdad era que Saúl había llegado al punto en que el trabajo del Espíritu Santo no tenía más ningún valor para él.

Y, como ninguna casa puede estar vacía, vino el enemigo y se apoderó del corazón del hombre que, un día, Dios escogiera para ser el rey de su pueblo. Y “lo atormentaba”. La palabra hebrea para “atormentar” es bawat, que significa aterrorizar, desequilibrar, llenar de miedo.

Una vida embargada de miedo está condenada al fracaso. Ve fantasmas donde no existen; encuentra dificultades donde solo hay oportunidades. El problema de Saúl no era las sombras que aparecían en forma de figuras misteriosas, sino el hecho de que no oía más la voz de Dios. Había jugado tanto con la misericordia divina que, cuando la quiso de nuevo, descubrió que su alocado corazón ya no era capaz de creer en el amor de Dios.

Haz de este día un día de meditación y de reflexión. Escucha la voz de Dios, que te habla a través de su Palabra. No dejes a Jesús tocando en vano las puertas de tu rebelde corazón. Y recuerda que “el Espíritu de Dios se apartó de Saúl, y le atormentaba un espíritu malo de parte de Dios”.

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