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SÁLVAME, SEÑOR

_Dios Dios mío, en ti he confiado; sálvame de todos los que me persiguen, y líbrame. Salmos 7:1_

¿Alguien te acusó ante el jefe? Las personas que hacen eso no están preocupadas por tu bienestar ni por el bien de la empresa. Es gente cobarde, que quiere ganar “puntos” ante el jefe. Ese tipo de personas se las encuentra en el trabajo, en el colegio, y hasta en el círculo familiar. Son “amigos” en quienes tú confías porque despiertan tu confianza, te hacen hablar y corren luego contando todo al superior.

En la vida de David también había ese tipo de personas. Cus, el benjamita, fue uno de ellos. Acusó a David ante el rey Saúl de conspiración, y el rey le creyó.

¿A dónde van los hijos de Dios cuando son acusados injustamente? Si tú das explicaciones, tus enemigos pueden torcer tus palabras para enredarte más. David sabía a quién pedir ayuda y oró: Señor (Dios), mi Dios (Elohim)”.

Dios, el Dios del pacto y del amor y Elohim el Dios Todopoderoso. En la hora de la persecución, el salmista apela al amor y al poder de Dios. El poder de Dios siempre será usado en su favor porque el Señor lo ama. Acude a él confiadamente. Incluso, algunas versiones usan la expresión “en ti me refugio”, haciéndola equivalente a “en ti confío”.

Hay otro pensamiento en el versículo de hoy. David suplica: “Sálvame” y en el siguiente versículo añade: “no sea que desgarren mi alma cual león”. En el caso de David el león era Cus, su acusador, pero en nuestro caso es un enemigo espiritual. San Pedro dice: “vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar” (1a. Pedro 5:8).

Él es el acusador. Su dedo maligno está siempre apuntando en tu dirección, diciendo: “Este individuo es un pecador y merece morir”. En ese momento es cuando podemos refugiarnos en Jesús y decir: “Es verdad, Señor, soy un pobre pecador, pero acepté tu sacrificio expiatorio. En ti me refugio, sálvame”.

Llegará el día cuando el enemigo tendrá que tragarse todas las acusaciones levantadas contra ti. San Juan describe ese acontecimiento así: “Entonces oí una gran voz en el cielo que decía: Ahora ha venido la salvación… porque ha sido lanzado fuera el acusador de nuestros hermanos, el que los acusaba delante de Dios día y noche” (Apocalipsis 12:10)

Descansa hoy, en medio de las tormentas de la vida, confiando en la promesa bíblica y repite para ti: “Dios Dios mío, en ti he confiado; sálvame de todos los que me persiguen, y líbrame”.

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