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PERDONAR PARA ORAR

_Por tanto, si traes tu ofrenda al altar, y allí te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí tu ofrenda delante del altar, y anda, reconcíliate primero con tu hermano, y entonces ven y presenta tu ofrenda. Mateo 5:23, 24._

Cada vez que una persona decide orar, el enemigo de Dios hará todo lo posible para que esa plegaria no tenga poder. La Biblia presenta como advertencia algunos factores que matan la oración. Uno de ellos es la pelea con un “hermano”. Eso significa que la manera ideal de llegar hasta el trono celestial es estar en paz con todos nuestros semejantes.

El enojo y la pelea ingresaron al mundo con el pecado. El conflicto emocional entre dos personas, las distancias afectivas, los rencores, los enojos y las iras, crean una raíz de amargura y alejan a los hombres del plan de Dios. Quien comienza la oración diciendo: “Padre nuestro que estás en los cielos”, está aceptando que es “hijo de Dios”, y a la vez “hermano” de todos los seres humanos de esta tierra. Por esta causa, Jesús nos dijo: “Si traes tu ofrenda al altar, y allí te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí tu ofrenda delante del altar, y anda, reconcíliate primero con tu hermano, y entonces ven y presenta tu ofrenda”.

En algunas ocasiones no es sencillo realizar el mandato de Jesús, y para lograrlo es necesario recurrir a la oración para obtener fuerzas adicionales. Cuando una persona te ha herido mucho, y el dolor que sientes es muy grande, no es fácil “arreglar” cuentas y continuar como si nada hubiera pasado. Para eso es necesario recurrir a través de la oración al poder curativo del Espíritu Santo, a fin de que cicatrice las heridas del alma y la reconciliación sea auténtica.

Este ejercicio que Jesús nos plantea de reconciliarnos primero y luego llevar nuestra ofrenda, tiene el propósito de prepararnos para el cielo. En las mansiones celestiales no habrá ninguna persona enemistada con otra. Allí nadie le dirá a Jesús: “Señor, prefiero quedarme de este lado del río porque del otro lado hay alguien que no me cae bien”. Tampoco le podremos decir: “Preferiría, Señor, no comer por ahora de esa fruta, porque cerca del árbol está aquella persona que me hirió muchísimo antes que tú vinieras”. Toma la decisión de buscar la paz con tu prójimo, y verás que con la ayuda divina no hay obstáculo que no puedas vencer.

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