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PAZ EN LA TEMPESTAD

_Voz de Dios sobre las aguas; truena el Dios de gloria, Dios sobre las muchas aguas. Salmos 29:3_

El Salmo 29, de donde tomamos el texto de hoy, se lo usaba específicamente en la fiesta de los tabernáculos que se celebraba en el mes de tisri u octubre, más precisamente en los primeros ocho días de la fiesta. La fiesta de los tabernáculos era el período en que los israelitas acampaban en tiendas hechas de manera tosca, para recordar la experiencia de sus antepasados cuando Dios los sacó de Egipto.

Uno de los grandes peligros de esa fiesta eran las tempestades que podían llegar en esa época. Octubre era un mes de fuertes lluvias. Por eso, este salmo tiene como título “la voz del Señor en la tempestad”. La expresión “la voz del Señor” se repite siete veces y en cada una de ellas se hace referencia a una situación calamitosa, tal como árboles que están siendo arrancados, truenos, terremotos, etc.

Cuando conocí a Shawn, vivía en una tempestad parecida. La esposa se había ido del hogar llevándose a las dos hijas del matrimonio. Con indignación en la voz, Shawn se preguntaba: “¿Por qué?” Había perdido la voluntad de vivir. Sentía que había llegado al final del camino.

Todos enfrentamos tempestades. Matrimonios ante un posible divorcio, hijos que no se entienden con los padres. Colapsos financieros, sociedades desechas; deudas, depresión, enfermedades. Tempestades que, de alguna manera, se abaten sobre los hijos de Dios produciendo miedo, desánimo y desesperación. ¿Qué hacer?

Solo hay una salida: ¡Escucha la voz del Señor! Eso mismo, escucha la voz del Señor en medio de la tempestad. Él está a tu lado. Si la vida tiene tempestades, tú tienes un Dios que no va a permitir que tu barquito se hunda. El profeta Isaías ilustra eso al decir: “Cuando pases por las aguas, yo estaré contigo; y si por los ríos, no te anegarán. Cuando pases por el fuego, no te quemarás, ni la llama arderá en ti”.

Puede ser que la meteorología de tu vida esté previendo una fuerte tempestad para hoy. No salgas de tu casa sin antes oír la voz de Dios. Esa es la única garantía que tú tienes de tener paz en medio de la tormenta.

Enfrenta el día con coraje y con la certeza de la victoria, porque: “Voz de Dios sobre las aguas; truena el Dios de gloria, Dios sobre las muchas aguas”.

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