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OH JEHOVÁ, DIOS DE LOS EJÉRCITOS

_“Oh Dios, Dios de los ejércitos, ¿quién como tú? Poderoso eres, Dios, y tu fidelidad te rodea.” Salmos 89:8_

¿Para qué sirve el poder? ¿Qué motivo lleva a las personas a buscar el poder? ¿Por qué hay personas que llegan hasta el asesinato para conseguir el poder? ¿Qué fascinación tiene?

En el salmo de hoy, el salmista destaca dos aspectos del carácter de Dios. Su poder y su fidelidad. La fidelidad de Dios es mencionada siete veces a lo largo de este salmo de 52 versículos. La fidelidad es una de las características de Dios.

Fidelidad, en hebreo emunah, tiene que ver con el cumplimiento fiel de las promesas divinas. Algunos eruditos traducen emunah como verdad. En Dios no hay mentira. Él es fiel y verdadero. Tú puedes confiar. Lo que Dios dijo se cumplirá. Ayer, hoy y mañana.

¿Para qué sirve el poder?

En Dios el poder sirve para cumplir sus promesas. A pesar de todo, y en contra de todo. El salmista señala: “En los cielos mismos afirmarás tu verdad”. ¿De qué forma?

Observa la noche oscura. Hay tinieblas por todos lados, hay frío, hay muerte. Las tinieblas son símbolo de la ausencia de vida, de peligro, de amenaza. Por eso, la mayoría de las criaturas se refugia a la noche, esperando que el sol del nuevo día traiga vida.

Observa una vez más el cielo. El salmista dice que Dios confirmará su fidelidad en el cielo. Entonces, contempla el cielo. Cuando el dolor toca a la puerta de tu corazón, cuando las tinieblas de las dificultades parecen envolverte completamente.

Cuando experimentas angustia y miedo, observa el cielo. En medio de la oscuridad de la noche continúa observando. De repente, allá a lo lejos, donde el cielo parece juntarse con la tierra, rompe el día, nace el sol y las tinieblas desaparecen. Existe un momento de lucha.

Da la impresión de que las tinieblas no quieren partir en retirada, pero es inútil, el astro reaparece en su esplendor, anunciando victorioso que es hora de despertarse, de levantarse y de volver a vivir. Por eso, enjuga esa lágrima de dolor y observa el cielo. En él está escrita la fidelidad de las promesas divinas.

No salgas de casa sin decir: “Oh, Dios, Dios de los ejércitos, ¿quién como tú? Poderoso eres, oh Dios, y tu fidelidad te rodea”.

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