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MEDITAD

_Pues así ha dicho Dios de los ejércitos: Meditad bien sobre vuestros caminos. Hageo 1:5._

Una mañana, ni bien su marido salió a caminar por el parque, Laucení encontró, en la mesa de trabajo de su esposo, una libreta de anotaciones abierta. Al acercarse, percibió que se trataba de un diario. La letra era indudablemente femenina, y la fecha de la página abierta databa de muchos años atrás.

Julieta no resistió la tentación de leerlo. Los primeros renglones le dieron escalofríos: “¡Ya no puedo más! […]no tengo más fuerzas para continuar siendo la segunda mujer de tu vida. Pienso que sería mejor, para todos, que esta pesadilla terminara de una vez […] ¡Tengo tanto miedo!”

Laucení se echó a llorar, desesperada. Sentía que el mundo caía encima de ella: ahora tenía la certidumbre de que su esposo la engañaba. Lo había sospechado desde el día en que se casaron, pero él siempre lo había negado. No obstante, ahora tenía la prueba y pediría el divorcio.

Al ser confrontado con la “verdad”, el esposo calló. No respondió, ni argumentó, ni negó ni aceptó; simplemente se encerró en un mutismo absoluto. Ella gritó, lloró, lo agredió físicamente… Y pidió el divorcio.

Se separaron. Dos años después de la separación, fue publicado el Diario de la mujer de azul, y todo quedó aclarado: el esposo de Laucení era corrector, y estaba en posesión del diario como parte de su trabajo.

Laucení buscó a su esposo, pero ya era demasiado tarde: él no quería vivir más al lado de una mujer que durante quince años lo había asfixiado con sus celos.

El versículo de hoy es un llamado a la reflexión: ¿Qué estás haciendo con tu vida? ¿Qué camino sigues? ¿Hacia dónde te diriges?

Cuántos hogares son destruidos porque los esposos no toman tiempo para la meditación: meditar, primero, en la Palabra de Dios; después, en las actitudes, a la luz de las enseñanzas bíblicas. No es fácil. Porque la meditación demanda tiempo y, a veces, preferimos correr como enloquecidos, dejándonos llevar por la corriente de la vida, antes que detenernos y reflexionar en lo que estamos haciendo.

Antes de enfrentar los desafíos de este día, medita: ¿Qué cosa podría ser hecha de un modo diferente? ¿Por qué las cosas no salen como deseas, a pesar de que te esfuerzas porque todo salga bien? Presta atención al consejo de Dios: “Pues así ha dicho Dios de los ejércitos: Meditad bien sobre vuestros caminos”.

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