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ME RESPONDISTE

_El día que clamé, me respondiste; me fortaleciste con vigor en mi alma. Salmos 138:3_

El guardia de seguridad que estaba a mi lado era alto, robusto, y con cara de pocos amigos. Se movía silencioso de un lugar a otro, siempre discreto y atento.

-¿Usted ya aceptó a Jesús?

-le pregunté cuando quedamos a solas.

-Sí, señor -respondió inclinando la cabeza, como si estuviera cumpliendo un ritual japonés de bienvenida.

Me contó la historia de su conversión. Había sido miembro de la policía durante muchos años. “Cazaba bandidos”. Esa fue la expresión que usó para describir la manera implacable y despiadada como cumplía su misión. Me habló del odio gratuito que sentía por las personas que andaban por la calle con la Biblia en la mano.

“Tenía la impresión de que eran todos unos hipócritas y falsos, porque entre los marginales encontrábamos muchos que decían que eran creyentes”, me dijo.

Cierto día cayó en una terrible depresión. En el departamento médico de la policía le diagnosticaron “estrés”. Le dieron una licencia para recuperar la salud. “No había ningún motivo, pero de repente comencé a tener pesadillas terribles, al punto de que no podía dormir. Empecé a tener miedo de la noche. Justo yo, que nunca tuve miedo de nada”.

Fueron dos años en los cuales literalmente descendió a las profundidades del infierno. Lloraba por cualquier motivo, perdió el apetito, quedaba días enteros escondido en el cuarto sin querer ver a nadie. Agresivo, solitario y a esas alturas muy delgado, desequilibrado y sin ninguna voluntad de vivir.

En aquellas circunstancias un día se encontró con la Biblia. Siempre tenía una que le había sacado a un “bandido” porque, según él, “aquel hombre no era digno de poseer un libro tan sagrado, viviendo la vida que vivía”.

En las palabras inspiradas de la Biblia encontró tantas promesas maravillosas que un día, arrodillado, se agarró de ellas y clamó al Señor. Y la liberación vino, como un bálsamo suave. El sol brilló de nuevo y comenzó a ver la belleza de la vida en sus pequeños detalles.

Hoy es un guardia de seguridad particular. Lee la Biblia todos los días. No quiere volver a ser policía porque dedica gran parte de su tiempo a hablar del amor de Jesús.

Así son las cosas con Dios. Para él no hay caso perdido, por eso hoy vale la pena decir: “El día que clamé, me respondiste; me fortaleciste con vigor en mi alma”.

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