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GUARDA LA PALABRA

_En mi corazón he guardado tus dichos, para no pecar contra ti. Salmos 119:11_

Imagínate un día de mucho calor y polvo, sin poder tomar un baño refrescante. Imagínate tu cuerpo sudado. ¿Puedes sentarte a la mesa con alegría? ¿Puedes acostarte a dormir confortablemente? ¿Puedes acercarte a tu novia y darle un beso? Tal vez consigas hacer eso, pero de seguro tienes la sensación de que algo está mal, de que algo está faltando o sobrando. Tú sabes que mientras no te bañes nada andará bien. Aquella sensación de suciedad te perturbará todo el tiempo. No puedes afirmar que te sientes feliz.

El texto de hoy presenta el secreto de Dios para conservarte lejos de la contaminación moral. Mientras haya contaminación moral sofocando tu espíritu, no tendrás felicidad. El plan de tu vida no está bien. Caminas rumbo a la destrucción. El fin del camino es un abismo de oscuridad y muerte. La persona puede no tener conciencia de ello, pero instintivamente lo percibe. ¿Cuál es la solución? La respuesta del salmista es: “En mi corazón he guardado tus dichos, para no pecar contra ti”. Es decir, “guardo en el corazón tus palabras”.

El problema del ser humano es que trata de ser feliz sin prestar atención a los consejos de Dios. Con su camino contaminado, se esfuerza y trata de alcanzar aquello que cree que es necesario para ser feliz: dinero, , fama y poder. Con un poco de esfuerzo, puede llegar a conseguir todo eso. Pero cuando llegan las horas silenciosas de la noche, allá en el fondo del corazón, en aquel diálogo consigo mismo, mirándose en el espejo de la propia intimidad, de donde nadie puede huir ni esconderse, tiene que llegar a la conclusión de que algo está equivocado, que algo no funciona, y en esas horas el corazón se siente desesperadamente atormentado y vacío.

De acuerdo con el salmo de hoy, aquella sensación nunca desaparecerá a no ser que tú busques la solución en la fuente de la sabiduría, que es la Palabra de Dios. Es a la luz de las enseñanzas divinas cuando tu racionalismo, gnosticismo o humanismo, dan lugar a un poder mayor que es capaz de colocar orden en tu mundo interior.

Haz de este día un día de sumisión a los consejos de Dios. Someterse a Dios es crecer. Seguir sus principios es volar en libertad. No salgas de casa sin decir: “En mi corazón he guardado tus dichos, para no pecar contra ti”.

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