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GENEROSIDAD DE DIOS

_Vuelve, oh alma mía, a tu reposo, porque Dios te ha hecho bien. Salmos 116:7_

Este es uno de los salmos más extraordinarios de la Biblia. Algunos expositores bíblicos creen que es tan grandioso como el Salmo 23. Es un himno de gratitud a Dios, por sus obras maravillosas de liberación.

Al comienzo del salmo hay un momento en que el salmista parece no tener fuerzas para resistir las pruebas. “Me rodearon ligaduras de muerte, me encontraron las angustias del Seol; angustia y dolor había yo hallado”, se Lamenta en el versículo 4. Pero si tú continúas leyendo, verás que en medio de la desesperación, el salmista clama a Dios, y el Padre oye el clamor del hijo sincero.

En el versículo de hoy, el salmista se encuentra de nuevo frente al peligro, pero esta vez no cae en la desesperación. Sabe, por experiencia propia, lo que Dios es capaz de hacer, y hablando consigo mismo, dice: “Vuelve, oh alma a tu reposo, porque Dios te ha hecho bien”.

La expresión “te ha hecho bien” quiere decir que ha sido generoso contigo. La generosidad es la palabra clave. Tiene que ver con la misericordia. Se relaciona con un amor sin medida. Así es como Dios te ama a ti. La protección divina en la hora de la angustia no es un derecho que tú hayas conquistado. No hicimos nada para merecerlo, pero Dios por su generosidad, extiende la mano en nuestra dirección.

Dios promete cuidarte en las horas más difíciles. Él siempre cumple sus promesas, por tanto, cuál es el motivo para estar ansioso? Si él hizo maravillas en el pasado, ¿por qué no puede hacerlas ahora?

Vuelve, oh alma mía, a tu reposo”. Nota cómo el autor se dirige a sí mismo. Vuelve. Regresa. Retorna. Hay algo que no anda bien con esta alma. Ir como paloma lejos del nido, huyó buscando socorro. Las almas ansiosas siempre son almas que huyen. Huyen de Dios y de la realidad. Crean fantasmas imaginarios, se desesperan, entran en pánico y cometen tonterías.

Volver al reposo es volver al nido. El nido son los brazos del Padre que esta siempre esperando. Sé que el drama que tú estás viviendo es grande. Pero en Cristo tú tendrás la capacidad de ver la dimensión verdadera del drama que vives y, a partir de ahí, encontrar la salida.

Por tanto, no te desesperes. Este puede ser el gran día para ti. Con Cristo, los días son días de victoria. Por eso: “Vuelve, oh alma mía, a tu reposo, porque Dios te ha hecho bien”.

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