web analytics

ENEMIGOS GRATUITOS

_No me entregues a la voluntad de mis enemigos; porque se han levantado contra mí testigos falsos, y los que respiran crueldad. Salmos 27:12_

Que hay enemigos ocultos a lo largo de la vida, no es una paranoia. Es una realidad. Quizá en este exacto momento, tú estás siendo víctima de las artimañas de tus enemigos. Nunca subestimes al enemigo, por insignificante que parezca. Creer que un enemigo pequeño no puede alcanzarte, es tan necio como creer que una chispa no puede causar un incendio.

La oración de David no es: “Que no me los encuentre en mi camino”. Orar de esa manera, sería igual que pedirle a Dios que “no haya sol o lluvia”. El sol y la lluvia son realidades de la vida y Dios “…hace salir su sol sobre malos y buenos, y hace llover sobre justos e injustos” (Mateo 5:45). Mientras vivamos en este mundo, aun andando en los caminos de Dios, o quizá por causa de eso, tú encontrarás enemigos gratuitos, tratando de destruirte.

La palabra enemigo, en hebreo tsar, aparece 106 veces en el Antiguo Testamento y se refiere a los que “sienten hostilidad contra ti”. El mismo David afirma: “Mis enemigos están vivos y fuertes, y se han aumentado los que me aborrecen sin causa” (Salmo 38:19).

En el salmo de hoy, David acepta la realidad de sus enemigos, pero le súplica a Dios que no lo deje caer en manos de ellos. La promesa divina no es que tú no tendrás enemigos, sino que ellos no prevalecerán.

¿Cómo actúan los enemigos? Usan la más venenosa de las flechas: La palabra. Tuercen la verdad, difaman, acusan, inventan falsos testimonios. El mejor remedio es una conciencia limpia, ante Dios y ante los hombres. Teme a tu enemigo solo cuado él comienza a tener razón. Entonces, para, reflexiona y, si es necesario, pide perdón y corrige el rumbo de tus actitudes. De esta forma es como los hijos de Dios lidian con las intrigas.

El salmista tenía la conciencia limpia, por eso dice para sí mismo: “Aguarda a Dios; esfuérzate, y aliéntese tu corazón; sí, espera en Dios,” (Salmo 27:14).

Parte hoy para la lucha de la vida con la confianza depositada en el Dios que nunca falla. Marcha con la cabeza levantada, mirando a los ojos de las personas. No tengas miedo. No huyas. No retrocedas. Tú tienes un objetivo. Ve y corre detrás de él. Pero ora como David: “No me entregues a la voluntad de mis enemigos; porque se han levantado contra mí testigos falsos, y los que respiran crueldad”.

Preferencias de Privacidad
When you visit our website, it may store information through your browser from specific services, usually in form of cookies. Here you can change your privacy preferences. Please note that blocking some types of cookies may impact your experience on our website and the services we offer.