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DIOS SE COMPLACE

_Se complace Dios en los que le temen, y en los que esperan en su misericordia. Salmos 147:11_

La oficial de a bordo que me recibió en el vuelo 8881 de La Paz a San Pablo, me preguntó con timidez: “¿Es usted el pastor Bullón?” El brillo de sus ojos negros y la sonrisa de su rostro moreno expresaban una emoción especial. Había leído mi libro “El tercer milenio y las profecías del Apocalipsis”, y en ese momento estaba experimentando una lucha interior: su mente aceptaba las verdades bíblicas y su corazón las temía.

“Dios hizo muchas cosas en mi vida -dijo-, pero veo tantas dificultades ante mí que tengo miedo de decidirme”.

Cristiane estaba pasando por el proceso doloroso del crecimiento. Crecer no es fácil, porque significa aprender a navegar, rumbo al puerto seguro, a través de un mar de constantes cambios y de paisajes cambiantes. Crecer es adentrarse cada día en un mundo desconocido, y eso provoca miedo, porque tú vives una realidad que fue construida de imágenes y de experiencias, algunas creadas por ti mismo y otras, tomadas prestadas del mundo que te rodea.

Cuando esa realidad es solo humana y limitada a los valores de esta tierra, tú no sientes seguridad. Vives, pero siempre hay una sensación inconsciente de vacío. Hasta que un día te encuentras con la Palabra de Dios, cuyos valores son absolutos y concretos, porque vienen de un Dios eterno y absoluto. Sin embargo, como esos valores no siempre armonizan con la fragilidad de tu realidad humana, el resultado es miedo, duda e indecisión.

Pero Cristiane es sincera, honesta y soñadora. Sueña con la realidad de una vida plena. Sabe que la plenitud no puede ser el fruto de su esfuerzo humano y, por eso, busca a Dios. La emoción de encontrarme en el avión, inesperadamente, nacía del hecho de querer que un día, de alguna manera, Dios le dijera: “Hija, sigue adelante. No tengas miedo. Solo en mí y en mi Palabra tu realidad tendrá los colores del arco iris, la belleza del amanecer y la permanencia de la montaña”.

Cristiane, no sé si volveré a verte en esta vida, pero quiero recordarte a ti, y a todos los que como tú buscan con sinceridad a Jesús, que “Se complace Dios en los que lo temen, y en los que esperan en su misericordia”.

Por eso, pídele hoy a Dios que te dé un corazón capaz de perdonar y amar a tus enemigos gratuitos, porque “cuando los caminos del hombre son agradables a Dios, aun a sus enemigos hace estar en paz con él”.

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