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DIOS HARÁ JUSTICIA

_Yo sé que Dios tomará a su cargo la causa del afligido, y el derecho de los necesitados. Salmos 140:12_

El profeta Samuel había ungido, por mandato de Dios, al joven David como el nuevo rey de Israel. Nada más justo, entonces, que Saúl entregara la corona y el trono al joven ungido. Era el derecho de David. No era apenas un derecho legal, sino de Dios y, sin embargo, ante ese hecho incuestionable, Saúl decide apelar a la corte suprema de las armas: persigue a David y lo condena a muerte.

En esas circunstancias, el salmista escribió el versículo de nuestra meditación de hoy. Es una súplica desesperada de un hombre perseguido, oprimido y privado de sus derechos legítimos. Este es el clamor de una persona que no sabe ya dónde buscar ayuda porque sus abogados, en esta tierra, son apenas su vida coherente y su confianza en Dios; mientras que sus enemigos tienen abogados expertos, tales como la intriga, las armas, la guerra, la persecución y el poder.

En los momentos de desánimo, David sabe que “Dios tomará a su cargo la causa del afligido”. El problema no es flaquear en la hora de la adversidad. El desánimo es propio de la fragilidad humana; la tragedia es “no saber” lo que Dios es capaz de hacer para defender la causa del oprimido.

Vivimos en un mundo de injusticias. Muchas veces el inocente es condenado y el culpable liberado, debido a la fragilidad de las leyes.

¿Te diste cuenta ya de que no se puede condenar a nadie “sin pruebas”? ¿Cómo sería capaz un juez humano de leer el corazón de las personas para administrar justicia? Ningún juicio puede ser subjetivo, por tanto, la justicia humana es frágil y propensa al error.

Dios, sin embargo, es distinto. Promete que intervendrá en el momento Oportuno. Resta al cristiano esperar la justicia divina, que puede parecer que tarda, pero finalmente llega. Tú necesitas “saber” eso, así como David lo sabía.

Si de alguna manera estás viviendo este drama hoy, y te sientes angustiado por causa de la aparente injusticia de las circunstancias, pídele a Dios que te quite la amargura y el resentimiento de tu corazón. Espera confiado en el Señor, y di como el salmista: “Yo sé que Dios tomará a su cargo la causa del afligido, y el derecho de los necesitados”.

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