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DA GRACIAS

_Alabaré a Dios conforme a su justicia, y cantaré al nombre de Dios el Altísimo. Salmos 7:17_

Es común agradecer por algo bueno que te pasó; pero, ¿agradecer por un favor que no recibiste? El salmista dice: “Alabaré a Dios conforme a su justicia”. No agradecía por lo que creía que era motivo de gratitud. Agradecía según la “justicia” de Dios, y la justicia divina no siempre es como la justicia de los hombres, porque el “hombre ve lo que está delante de sus ojos, pero el Señor ve el corazón” (1 Sam. 16:7).

Imagina a tu hijo en el hospital, debatiéndose entre la vida y la muerte debido a un accidente de tránsito. Tú crees que Dios tiene poder para salvar la vida de tu hijo, te arrodillas y derramas tu alma ante el Señor. Oras toda la noche. Lloras y esperas. Al día siguiente, los médicos te dan la triste noticia de que tu hijo falleció. ¿Es motivo de gratitud? ¿Por qué Dios no lo curó? Tú no entiendes. Hoy, no. En esta vida, tal vez no. Pero una cosa es cierta: nada sucede sin el permiso de Dios. Y Dios es un Dios justo. Su justicia siempre es para tu bien, aunque tú no lo comprendas. Este es el motivo de gratitud, a pesar de cuán difícil sea agradecer en circunstancias adversas.

Cuando el salmista escribió el mensaje de hoy, estaba atravesando un momento tan doloroso que lo llevó a pensar: “¡Si yo hice aquello de lo cual me culpan, que el enemigo clave en el suelo mi vida!” él pensaba que por detrás de todo aquel sufrimiento tenía que haber un motivo. De alguna manera se sentía culpable. Pero a pesar de las dificultades, agradecía a Dios porque sabía que Dios nunca se equivoca, que sus juicios son siempre justos y que él está siempre en el control de todo lo que sucede debajo del sol.

Agradecer significa reconocerse deudor. En portugués, al dar gracias, tú dices: “Obligado”, porque te sientes en la obligación de devolver el favor. En este texto, ¿Qué es lo que Dios espera de ti? Nada, simplemente que tú confíes en él, que creas que él es tu Padre amoroso y que no te abandonó. Por eso, hoy antes de comenzar la lucha de la vida, refúgiate en tu mundo interior y di: “Alabaré a Dios conforme a su justicia, y cantaré al nombre de Dios el Altísimo”.

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