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AYUDA AL NECESITADO

_Bienaventurado el que piensa en el pobre; en el día malo lo librará Dios. Salmos 41:1_

Este es el tercer salmo que comienza con la palabra bienaventurado. Los otros son el Salmo 1 y el 32. Bienaventurado quiere decir “feliz”, “bendecido”. ¿Quién no anhela ser feliz?

Este salmo tiene una estrecha conexión con el salmo anterior, en el que el salmista termina diciendo: “Aunque afligido yo y necesitado”. Después viene el versículo de hoy “Bienaventurado el que piensa en el pobre”.

Evidentemente David está hablando de él mismo como necesitado. Pero David no era pobre en recursos materiales. Este salmo fue escrito durante la rebelión de Absalón, su hijo. En esa época, el salmista ya era rey de Israel. Un rey nunca pasa por necesidades materiales, por tanto, la promesa de hoy no es simplemente para el que da una limosna en la calle, u ofrece un plato de comida al hambriento.

La pobreza es carencia de algo, falta de algo. La pobreza comienza cuando las cosas se acaban. Una persona no es pobre solo porque vive en una casucha sencilla o porque viste ropa remendada. Una persona también es pobre cuando las fuerzas llegan al fin, cuando el cónyuge muere, o el hijo está en la cárcel, o cuando la alegría desaparece y la tempestad envuelve su vida.

La promesa de Dios hoy es para todos aquellos que son capaces de ver un corazón quebrantado, un alma herida, un ser desamparado, con hambre de paz o de consuelo, y están listos a extender la mano o a ofrecer una palabra de consuelo. A estos dice: “En el día malo lo librará Dios”.

Observa bien la promesa. El Señor no dice que los librará del mal, sino “en el día malo”.

Cuando tú preguntas por qué sufres si andas en los caminos del Señor y haces su voluntad, estás reclamando de Dios una promesa que él nunca te hizo.

“El día malo”, o día del mal, siempre tocará la vida de los hijos de Dios en esta tierra. Tarde o temprano, siempre tendremos una lágrima que derramar, pero si tú extendiste la mano para ayudar y confortar al pobre y al necesitado en el “día malo” de ellos, Dios con certeza extenderá su mano para sacarte de las dificultades cuando la prueba llegue a tu vida.

Por eso, a lo largo de este día, pídele a Dios que abra tus ojos para ver a un necesitado y socorrerlo, porque “Bienaventurado el que piensa en el pobre; en el día malo lo librará Dios”.

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